Arrópame…

niño y Ángel

Arrópame,

que tengo un frío

que cala mis sentidos.

Busco

entre la basura,

un poco de pan…

o quizás sea,

ese dulce mirar…

Una sonrisa tierna

que me haga sentir,

la caricia

bendita y bendecida.

La mano amiga,

hermana,

que me de una frazada.

Sí,

un abrazo que emana

del corazón fraternal.

Una sola mirada,

pero que sea tibia

y llana…

Una frazada,

de abrazos y ternura,

que me de esa posibilidad

de saber

que se me nota…

que no soy invisible

a una humanidad,

que tan de prisa va

y no se fija en mí.

Abrázame,

que mientras yo exista,

el mundo es frío…

Yo Soy la proyección

del desbalance

de una sociedad

que muere de hambre.

Donde los excesos

beben hasta embriagarse…

y la pobreza extrema,

que yo vivo, clama

por un pan de buena levadura.

Arrópame,

con la colcha bendita

que guardas en tu armario,

deja que cumpla

la función de llegar a calentar

la piel, que a temprana edad,

se empieza a marchitar…

¡Es duro el frío!

¡Ser invisible es letal!

Ámame…

que si me amas,

despertaremos ambos…

Tú, a ese palpitar,

y yo, sí, yo…

volveré a creer,

que existe un Dios,

que me envía de tus manos

el Amor que al nacer, se me negó.