Amándonos…

creacionfuen

Si los Seres humanos obráramos centrados desde el corazón, el palpitar de nuestro mundo sería el Amor sin condición y unidos en un mismo corazón, el planeta sería el nirvana de una perfecta obra donde la humanidad co crea la verdad que yace en el corazón.

La niñez y nosotros…

Niño indigo

La lluvia que reverdece al planeta, es la niñez… Con cada niño y niña, cual si gotas puras y transparentes, el mundo recibe Ángeles en su seno. Los adultos hemos de discernir que el manantial que ellos son, se ha de cuidar y hemos de dejar de contaminarle, para que fluya con el propósito Divino de cumplir misiones trascendentes de Paz y no de odio; aprendiendo mas de ellos, que ellos de nosotros, para que no se mute la Vida de este bello planeta que nos resguarda y merece vibrar en el Amor fraternal.

Entre bosques…

hoja otoño

De tonalidades oro se ha vestido este intenso otoño, aunque el verdor de los pinos aún sobresale tocando al cielo completamente azul. Ni una sola nube se ha formado ante la plenitud de un sol que lanza sus primeros rayos, intensamente luminosos, limpiando cualquier niebla.

Dorada es la campiña, en ella hay una multitud de granjas y lineas de forraje recogido cual si borlas que al girar parecen gigantes pelotas. Techos triangulares verdes y rojos, para que la nieve no se detenga, cuando el invierno en unas cuantas horas llegue.

Prados extensos muy bien recortados que más parecen alfombras, donde crece el maíz amarillo de grandes granos, las calabazas que van desde las más pequeñas, hasta las que no alcanzo a sostener, por ser inmensas en proporción y en peso. Manzanos y viñedos que ya duermen, luego de una cosecha tan dulce que disfrutó mi paladar.

Bodegas de bodegas y lugares preciosos entre lagos y en la cercanía a bosques interminables, donde se cata la exquisitez del vino, como una experiencia sensorial de aromas y sabores, de tonos ámbares o intensamente dorados, símiles al oro del otoño que se observa trasluz, cuando giro en círculos la copa.

Viajo en el tren entre una campiña que hace poesía… El césped aún brilla por el hielo sutil que anoche ha caído, besando a una Naturaleza en armonía con la Vida. El Giant City Park y sus alrededores albergan abundantes poblaciones de venados, los que al cruzar por las calles y entre las bastas planicies, no se acaban de contar, pues son interminables.

Un pareja de castores en posición bípeda, en medio del bosque y ya de tarde, se ha quedado grabada en mi Ser, cuando precisamente saboreaban su suculento manjar: la corteza interior de los maderos que caen. Cual si un gran señor, el castor grande y de pie, inmóvil se quedó al notarnos, mientras que nosotros lo disfrutamos tanto. Y otra de tantas noches, siempre en el corazón de ese bosque tan mágico, apareció un mapache adulto, merodeando por donde tuvimos que detenernos muy quietos, adonde entre los árboles finalmente se internó…

Largas horas de tren entre bosques desnudos, donde busco un venado de cola blanca, típico de esta zona, aunque en las cercanías, en Wisconsin, entre los jardines de las casas se han visto a tres venados albinos, tan blancos como la nieve misma que pronto caerá. Que misterioso es el bosque, que teje bajo sus sombras, vertientes pequeñas y anchas de agua clara y fría, donde el castor hace fiesta con las algas y hojas húmedas. Y donde el águila y el halcón, bajan desde las alturas, mientras un conejo cola de algodón, se les escapa y llega a su cueva.

Hasta la vista amigos, que en algún momento del tren del camino de la Vida, nos reencontraremos en alguna estación…

Un verdadero tesoro…

bendiciones...

Un verdadero tesoro,

el oro puro

que no se guarda,

porque no tiene precio…

Oro que se incrusta

en los árboles,

que no son para siempre…

Ecosistema humano,

que aún no discierne

el movimiento a realizar.

Oro, que se pierde,

por negligencia

e inconsciencias…

Por abusos de poder

y creer que,

hay dueños de bosques

y de ríos,

que se maltratan.

De manantiales

que al bajar,

encuentran pesticidas

y lo antinatural.

El oro puro,

es la vida.

No es la moneda,

¡Ah gente ingenua!

De metal no se vive,

ni de guerras…

Cuántas joyas he encontrado…

otoño y yo

He recogido entre mis manos,

a la estación de este otoño.

Aquí están los abedules amarillos,

el abeto y los bosques de arces rojos.

Las huellas de las ardillas

han dejado plasmada a la alegría…

Y el canto de las aves y sus nidos,

son música que ha llegado hasta mi tacto.

No he tenido que subir,

a cada copa frondosa de los árboles.

Ellos se han desnudado

y tengo al oro entre mis manos.

En estas hojas hay memorias

de venados, de castores y de pumas.

De cada vida que palpita

y que se esconde, para invernar.

En cada hoja oro o escarlata,

y en cada rama, el bosque mira y habla…

El viento sopla y el riachuelo,

pronto pronto, se congelará.

He recogido con mis manos,

estas joyas que el bosque me ha regalado.

Ahora mi hogar es el bosque

y yo soy, cada memoria que he guardado.

Luna lunita…

luna-niño2

Luna lunita,

dime qué has hecho,

para estar tan cerca.

Luna redonda,

si ayer eras solamente

una sonrisa…

Ah, ya sé,

fuiste tú, la que se comió

el pastel de mamá,

Luna lunita,

frente a ti, parezco

una hormiguita.

Enviando Luz hacia todos los rincones de la Tierra…

corazon planetas

Si ahora valoramos y agradecemos a este instante; este momento presente obra con toda su bendición sobre nosotros. Es, como si cayera una lluvia de Gracias sobre nuestras Vidas…

Si agradecemos al unísono como ciudadanos del planeta Tierra, por tantas bendiciones y por todo acto de Vida, se gesta una lluvia de Gracias mundiales que se expanden para bendecirnos, sin excepción alguna.

Sublime es la energía de la Gratitud, ella nos envuelve en su halo de Luz.

Aprendiendo a soltar…

mariposa atada a una piedra

Había una vez un joven que por buscar aceptación se dejó colocar tantos lazos para agradar a los demás, entonces como puedes imaginar, las ataduras de los otros le movían para un lado y para el otro, cual si fuese una marioneta que es manejada por el movimiento de quienes viven para controlar.

Pasó un ave y al verle tan enredado con esa infinidad de cuerdas sin poder avanzar, le dijo: “¿Te corto con mi pico esos lazos que no te dejan caminar?”. El joven dijo “No”, y siguió atado en el mismo punto donde aprendió a vivir. El tiempo transcurrió y quienes le movían a su antojo, porque él se dejaba llevar, se fueron cansando de desenredar tantos lazos para jugar con él, les tomaba mucho tiempo y decidieron partir.

Así fue como llegó una joven y al verle hecho un nudo, tomó una tijera para cortar todas sus pitas y como había aprendido a vivir atado, el joven se cayó. Entonces la Vida le enseñó que esa caída era la oportunidad para aprender a dar un paso por si mismo: tembló de miedo, lloró, quizo volver a colocarse los lazos, gritó llamando a quienes le había manejado y el silencio llegó.

Nuevamente pasó el ave y le preguntó: “¿Qué haces detenido sin lazo alguno que te ate?”. Él extrañado se miró sin cuerdas e intentó levantarse por si solo y aprendió que la Vida es hoy y que sin importar lo que hemos vivido y nos ha ocurrido, depende de nuestras actitudes retirar algún lazo que en este instante no nos deja avanzar…

Y el joven comprendió que no hay atadura alguna, si no nos hacemos correspondientes ante tanta creencia limitante y empezó a danzar y la danza de la Vida le encontró…

El bosque y nuestra existencia…

rio y reflejo cielo

Existen momentos en los que el viaje de la Vida nos sitúa entre el lenguaje sutil de las hojas oro y escarlata, que se desprenden cual si lluvia de los árboles, para besar al riachuelo y finalmente volverse humus.

La Vida me sorprende entre una naturaleza desvestida por el viento… Camino ahora entre el chasquido mágico de las hojas tostadas, que se suavizan al navegar entre la claridad de algunas vertientes transparentes, donde mañana la nieve cubrirá.

Tal parece que el viento juega con las hojas haciendo remolinos que las transportan a un destino, donde antes verdes, era imposible arribar… Allá en las alturas, el bosque era el cielo, las águilas y la Vida era el nido que daba luz a las aves que adornan este entorno con su voz existencial.

La Vida es cual si el bosque que alberga un sin fin de manifestaciones que viven a la intensa clorofila bajo un candente sol. Al cielo azul. Al venado de largas astas y a sus crías… Y la Naturaleza cambiante constantemente nos sitúa en este instante, en el que la Vida es un suspiro que se funde en la corriente de agua clara con las ranas que emanan y saltan, con el pez y los insectos que en las copas de coníferas, allá en las alturas, no parecían existir.

Así nuestra existencia, en la verde primavera salta cual si la ardilla y en el verano ofrece una floración extraordinaria, que aunque quisiéramos detener, todo cambia y nada es para siempre… En el otoño, la vida es cual si las hojas que lentamente parecen detenerse entre el aire, antes de caer, para revisar su vuelo como hojas y finalmente descansar entre un lugar donde llega la serenidad; como la misma que experimento ahora que me fusiono con la voz del bosque que vive su metamorfosis y lega su existir a más vidas.

Así la Vida, fluida, sin resistencia, ni la creencia de que seremos eternos en esta forma… El bosque nos ofrece esta hermosa lección, de soltar y vivir este presente hermoso inhalando en Gratitud, sin apegarnos a algo que, banal, pesa demasiado, para ser libres y vivir el viaje de ser semilla y tronco, árbol y ramas, hojas frondosas que albergan a polluelos, y luego, experimentar este viaje de desprendernos, para nutrir al suelo que nos vio nacer.

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