Mi País Entona Una Canción

¡Mi país ahora canta! Con las gotas del rocío y la lluvia que cayó, reventaron las chicharras. En los bosques donde el grillo y algún sapo conversaban han llegado a incrustarse a los árboles de fuego.

Ya llegaron a la charca, donde cada madrugada la Juana se levanta cuando el gallo canta, a restregar los pañales de su niño que arrulla entre la milpa. Se han prendido de la tierra que cosechan con amor los nobles campesinos y engalanan con sus mantras las mazorcas benditas que alimentan a mi patria.

Los frijolares ahora tienen música sacra y entre ellos la niña canta y juega a perseguir a las chicharras que activan las arterias del campo que con fe espera a que la lluvia pronto le traiga abundantes cosechas.

Su canto también se adhiere a los manglares donde la leyenda de las sirenas nos despierta y donde el espíritu que mora en él nos lleva a valorar la obra bendita del Creador de Todo lo que Es. Han llegado para cantarle al lagarto que reina entre el pantano y al escucharlas se eleva… ¡En hora buena!

Alegran los extensos cafetales que florean prometiendo traer la miel que hace prosperar a las familias salvadoreñas, se escuchan a lo largo de las cordilleras y en los volcanes que duermen apaciguando a la lava y al fuego que transforma lo que toca…

Los revoloteos de sus alas surgen abruptamente seduciendo a los colegiales a subirse a los frondosos árboles para alcanzarlas y jugar con ellas, y mientras aquella niña de amplia sonrisa toma una, sus compañeros la rodean asombrados de la prenda que canta entre sus manos.

“¡Mira que linda es!”,  ha lanzado un suspiro su mejor amiga, mientras el chucho que merodea por allí ladra desesperadamente anhelando llevarla a su boca para degustar ese bocadillo tan especial y tostadito que una vez al año surge y desaparece como mágicamente…

La maestra aprovecha la ocasión para llevarla al aula y la chicharra es la protagonista de ese momento tan mágico que surge en la clase de doña María. “¡Es un animalito muy místico!”, ha dicho ella, mientras Julián le responde “tiene los clavos de Jesús en su frente” y su compañerita expresa, “¡es tan lindo sentirla entre mis manos!”.

“Si se fijan, sus cuatro alas poseen los tonos del arcoiris”, ha explicado la maestra, mientras Gabriel describe que tienen una combinación de tonalidades amarillas, verdes, naranjas, rojos y también pardos. “La verdad es que no lo había notado…”, me adentro a observarlas detenidamente en el aula de doña María y me compenetro con ellos.

Desde que era niña, debo confesar que las chicharras despertaron en mí una sensación muy especial y escuchar el canto que nos regalan y tenerlas rodeando mis sentidos me conecta con este momento tan significativo del año. Ha llegado otra Semana Santa y con ella brotan sentimientos y algunas remembranzas… Los gajos de mangos doblan las exuberantes y frondosas ramas, los jocotes colorean el campo, mientras las paternas cuelgan y la dulce tradición de las torrejas en miel con rajas de canela continúa en la casa. El viernes Santo se ora con devoción a las tres de la tarde cuando Jesús trasciende el mundo de los humanos, mientras  los azulados cielos se envuelven en un manto más solemne, más meditativo, más contemplativo y unificado con lo que se rememora.

Para muchos, en cuenta mi persona,  el mar o la montaña ofrecen la expansión tan ansiada de unas vacaciones bien ganadas, sin embargo esta Semana Santa quiero fusionarme con el misterio de la Pasión de Cristo y con las enseñanzas de Jesús.  Y ante todo quiero darle las gracias en voz alta al Creador de todo lo que Es, por aproximarnos al rostro dulce y maravilloso de ese Ser que vino al mundo para iluminar nuestra vida y para ser el mejor guía que podemos encontrar en nuestro camino.


Huellas

Percepciones

Parte II

Condicionantes

¿Cómo he de hacer para superar esas críticas destructivas que desde niña yo llevo muy dentro de mí? le pregunté a doña Emma antes de retirarme de su casa y las dos quedamos de reunirnos con un “¡hasta mañana!”.

Huellas…

Como hemos visto, el punto de partida de muchos sentimientos se finca en los primeros años de vida y a veces se suelen canalizar quebrando las botellas sobre las cabezas de quienes han atentado y todavía atentan sobre nuestra autoestima…

“Pareces un globo…”, resuena en el plano físico haciendo añicos a nuestra identidad corporal y cuando nos sentimos rechazados con una frase que nos impacta, la percepción de lo que somos se magnifica de tal forma que lo único que retenemos es esa energía tan atroz que nos han lanzado como dardos quedando atrapados contra la pared sin podernos mover. Estamos estancados y nos volvemos sordos a nuevos constructos que otros pueden decir de nosotros. “Somos un globo y quien va a querer a un globo…”, es el supuesto que maneja a todo nuestro sentir.

Agustín

Recuerda que su madre usualmente le llamaba cariñosamente “gordo” cuando parecía estar de buen humor, así que, esa palabra asociada con aquella vibración amorosa era una música tan grata a sus sentidos… Al vocablo de “gordo”, Agustín le confirió un significado de aceptación con el que se sentía tan cómodo y con el correr de los años recuerda cuando en el patio de la escuela un buen día un compañero se le aproximó y le llamó de la misma forma cuando no ejecutó un gol que era esperado por todos y al rememorar la escena de aquella palabra tan grata utilizada ante un “fracaso” y sin aquella vibración tan dulce del hogar la guardó silenciosamente en un lugar donde la reprimió.

Todos y cada uno de nosotros llevamos una sombra y la mayoría de las veces somos afectados por las sombras de los otros. Es decir, nos exponemos a contagios colectivos de juicios distorsionados que lanzan una fuerte presión para vivir. En el ejemplo del compañero de Agustín, podemos sentir como lo despectivo de su sombra lo lanza relacionado con algo bochornoso y en vista de que ahora tratamos a la  identidad corporal, es válido traer a cuenta que la imagen de extrema delgadez ha invadido al mercado vendiéndola como un modelo a imitar. Es decir, la sombra de quien juzga penetra afectando a una sociedad que es juzgada y que se impone sobre los comportamientos.

Las doce botellas que les iba a romper

Frecuentemente la sombra aparece en un acto impulsivo y antes de que se tenga tiempo para pensar sobre los actos y mucho menos sobre las consecuencias que éstos nos traerán, surge el plan, se realiza la conducta errónea y obtenemos consecuencias que jamás deseamos conscientemente. Así, nuestra buena amiga que se iba a vengar de aquellos jeroglíficos que la marcaron hace siglos, intempestivamente conecta con la escena donde los otros tras la puerta invadieron aquel momento único y tan pleno frente al espejo cuando agradada observaba su silueta…

Entre las presiones sociales y toda una multitud de sombras que nos impactan, hacemos cosas que no son nuestra verdadera presencia y al desconectarnos de lo que realmente somos para satisfacer a las sombras de los otros atentamos contra nuestra vida marginando la comida por ese temor de que nos vuelvan a llamar “gordos, obesos y hasta extraños”, por no usar la talla cero que tan de moda esta y que es sinónimo de belleza para muchos hoy en día.

Doña Emma nos enseña una descripción precisa

“¿Cómo he de hacer para superar esas críticas destructivas que desde niña yo llevo muy dentro de mí?”Bien hijita, empezaré por la descripción física. Retira de tu vocabulario las etiquetas, que éstas engloban erróneamente a la persona como gordo o seco, chele o negro, gigante o enano. Esa vibración no es atinada, pues magnifica o minimiza despectivamente a nuestro ser, es decir, nos engloba en un rasgo despreciativo y nos lanza todas las sombras habidas y por haber de tantas mentes distorsionadas. Algunas descripciones claras y precisas serían: Soy Estebán y mi estatura es de dos metros. Soy Julián y mido un metro y cuarenta centímetros. Me llamo Nora, mi piel es oscura y la de mamá es clara. Mi nombre es Coralia y mi cintura mide 190 centímetros”.

Una definición clara y precisa es aquella que no lleva viñetas corrosivas, sino que define con exactitud y sin juicios de ninguna índole. Lo siguiente puede servir de ejemplo. “La parte alta de mis piernas mide 100 centímetros, deseo bajar 10 centímetros vrs la parte alta de mis piernas es rechoncha, no la soporto un día más”. En la primera no hay sombras, en la segunda, la inconformidad y el enojo  expresan una parte de la distorsión colectiva y personal.

“Pero doña Emma, mi pregunta puntual es: ¿Cómo he de hacer para superar esas críticas destructivas que desde niña yo llevo muy dentro de mi vida?”. “Bien, hijita, iremos poco a poco. Si te fijas, primero limpiaremos nuestro lenguaje y no dejaremos que nos atropelle más o que atropelle a los otros. Luego trataremos de identificar si nuestros comentarios quitan valor o sin son un aporte para mejorar, y para que lo comprendas mejor escucha atenta: ‘Te queda horrible esa blusa anaranjada vrs la blusa azul que te pusiste el otro día te queda mejor’. Otro ejemplo podría ser: ‘Que horrible tengo el pelo, soy un asco vrs me secaré el pelo de otra forma para verme mejor’. ‘No puedo cocinar, que espantoso me quedó vrs mi fuerte no es la cocina, mas puedo aprender’. Y si te fijas bien hijita, podremos ir dejando a las voces destructivas conforme interioricemos un lenguaje más consciente. Hay mil ejemplos en la vida diaria y si estamos atentos evitaremos contaminar o contaminarnos”.

“Me queda claro doña Emmita, sin embargo, quisiera saber como he de responder ante las críticas destructivas que nos lanzan como dardos”. “Bien, hijita, vuelve mañana a la misma hora que seguiremos conversando y recuerda que has de usar un lenguaje constructivo y preciso”. “Lo intentaré… ¡Hasta mañana doña Emma!”.

Azul

De frente me sitúo ante ese pequeño espacio del vasto océano pacífico que se dibuja hacia el oeste de mis ojos. El día es claro, la arena retiene el calor de un sol que en su plenitud nos lanza sus rayos de energía viva. Mis pies descalzos la absorben y ella capta y transmuta los excedentes de tensión que mi cuerpo retiene de la ciudad donde circulo.

Avanzo dos pasos más hacia el paisaje que describo, me adentro en el mar inmensamente azul, lo siento y experimento esa sensación indescriptible de bienestar. Su diáfano manto me encuentra con estrellas blancas que salieron a pasear y a tostar su tez. También, un caracol mayor se desprendió para embarcarse a las profundidades donde al vaivén de las olas abrió su cuerpo sutil tintado de morado, el que pareciendo una flor que abre sus pétalos se entrega a su flujo divino.

Me compenetro con el paisaje y formo parte de la pintura que siento y que describo y mientras más camino, aparecen los ágiles cangrejos de todos los tamaños que forman colonias que se adhieren a las rocas cuando la marea llena los impulsa a ser clavadistas de los confines del océano pacífico. Conforme ando por su costa, me detengo frente a una concha que se abre cual si fuese mariposa con sus dos lados simétricamente trazados por una geometría perfecta y sagrada.

La tomo entre mis manos, camino y la sostengo con sumo cuidado entre mi tacto… como pendiente de que no se desprenda ningún lado de esa bella prenda que la naturaleza engendra. Mientras la observo reflexiono sobre las dos caras de una misma concha que me recuerdan a la dualidad que existe en mi planeta.

Dos caras de una misma concha

Por un lado, la Creación y su Creador nos regaló un corazón para fluir con la vida. Bajo su pulsación mayor me encuentro con que todo es perfecto y mientras me sintonizo con el canal del amor observo a los niños que construyen sueños de arena en sus castillos y, cuando me detengo en su otro rostro llega el recuerdo de aquellos que disputan en sus hogares por protagonismos.

Camino entre las olas más tiernas mientras la brisa mueve mis más íntimos sentidos y entre los azules del cielo y del mar que más parecen uno, observo más adentro un estallido de agua ascendente que de repente ha surgido. Es como si una fuente emanara del mar más proximo y profundo, es como si un ducto o una cañería interna y subyacente al mar se ha roto…

“¡Una ballena!”, ha dicho una niña de piel muy blanca y de largos cabellos oscuros; mientras un joven de figura esbelta confirma la premisa. “¡Otra!”, vocifera el guardacosta y cuando me presta los lentes de larga vista me acerco a una, dos, tres, cuatro, son cinco pares de aletas y chorros que juegan a esconderse y que reaparecen de repente sobre las profundidades de este mar tan sublime…

¡Sí, sublime es el planeta tierra! ¡Sublime la geografía que  nos abraza! ¡Sublime el caracol que se desprende para fluir conforme la marea! ¡Sublime la concha que abre sus caras para develar de par en par su identidad! ¡Sí, sublime este encuentro entre los ángeles que entonan música en el mar y los que se alegran desde la playa y les reciben con la vibración del amor!

Tan solo una cara.

No existe más que una energía, la concha en sus dos estructuras es la misma. Los continentes forman un solo planeta. Los mares, con diferentes nombres contienen la marea, la sal y a las tortugas. Los cielos, son confines de un mismo espacio. Ballenas y humanos, mamíferos y obras divinas del Creador. Así, la arena y el cariño que componen los castillos de los niños, me muestran el rostro verdadero de la sinfonía perfecta de este planeta azul que debemos proteger como un diamante en bruto que ha de proyectar un solo lado, el de verdad, donde no existe tal dualidad.

Sublime es el amor al mar, a la arena, al árbol, al niño que recién ha nacido, al adulto mayor que encierra la sabiduría en su boca, al hermano sin condición alguna y, más sublime aún, el amor a la vida que el Creador de todo lo que es nos regaló. Sublime su presencia divina, sublime la sinfonía de este planeta que juntos hemos de transformar en una sola cara, el del amor incondicional.


Tóxicamente destructivas…

 

Percepciones

Parte I

Tóxicamente destructivas…

Me encuentro situada  en medio de un pequeño y elegante salón… Visto un atuendo de tela suave y su tonalidad índigo contrasta con la iluminación de un candelabro al lado del cual me desplazo sintiéndome tan plena. Observo mi larga cabellera y mi silueta en un espejo de cristal de roca que a media luz me proyecta y mientras gradualmente me aproximo para verme más de cerca, alcanzo a distinguir que la puerta por la cual entré tiene una abertura por medio de la que empiezan a asomar algunos rostros borrosos de personas que fijan sus miradas atentas sobre mí. Me desconcierta la escena que observo de lo que sucede a mis espaldas y en lugar de disfrutar de este momento presente como lo estaba haciendo, surge una pregunta en mi interior: ¿Qué es lo que tanto me ven…?

Me desplazo hacia el lado izquierdo del salón pero aún así persisten y parecen seguirme con sus penetrantes miradas. Intento nuevamente desplazarme hacia otro ángulo, sin embargo siguen con la mirada puesta en mí sin quitarla de encima y empiezo a sentirme tan incómoda, después de haberme sentido tan bien… Sus miradas continúan incrustadas en el fondo del espejo y en mi sentir y no puedo dejarlas de percibir y cuando esto sucede viene a mi memoria un escenario cuando en mi infancia bailaba ballet y vestía un traje morado y alguien me dijo por allí: “El morado no te sienta bien, mejor hubieras escogido un tono amarillo. El morado es para quienes tienen la piel muy blanca y tu eres trigueña…”.

Y luego de una pausa me observo en el espejo y aquella imagen plena que tenía de mi tan sólo hace unos minutos, se desvanece por completo para dar paso a lo que me solían decir y empiezan las voces a surgir: “El tono morado que has escogido no te sienta nada bien…”. “Ni tampoco el pelo suelto…”, y al escucharlo de inmediato y sin pensarlo recojo mis cabellos con una peineta que llevo entre mi bolso. “Ni ese atuendo que te has puesto…”. “Pareces un globo con ese vestido tan flojo…”. “Si no te cambias, no creo que le gustes…”. “Eres incapaz de logralo”. “Mejora tu postura, ponte recta y no camines con los hombros bajos…”. “¡Te digo la verdad, te queda horrible… mejor quítatelo!”. Y enfurecida me doy vuelta para abordarlos y cuando me acerco hacia ellos para decirles lo que siento, se esfuman… “¡DÉJENME EN PAZ! NO ME MOLESTEN MÁS. YA HA SIDO SUFICIENTE. VÁYANSE Y NO REGRESEN NUNCA. ¿LO ESCUCHARON? NUNCA”. Lo grité con toda mi fuerza por si todavía lo lograban oír… y luego entre sollozos me fui a dormir.

Roturas

“El morado no te sienta nada bien, mejor hubieras escogido un tono amarillo. El morado es para quienes tienen la piel muy blanca y tu eres trigueña…”, fue el eco que me despertó y sin tener un espejo enfrente, en mi mente se quedó como se ha quedado grabada mi niñez y tal parece que las experiencias de dolor quedan como jeroglíficos que desafían el paso de los siglos.

Mientras tomaba mi café matutino, desarrollaba las mil estratagemas para deshacerme de esos jeroglíficos que no me permitían fluir y que me tenían prisionera. En primer lugar me visitó la ira y conectada con su energía empecé a imaginar escenas en las que sostenía entre mis manos una botella que iría a estrellarla en la cabeza de quienes me hicieron la vida de palitos. Así que, salí decidida a comprar algunas. En el camino hacia la ferretería pensé quienes serían las personas a las que se las quebraría y cuando llegué al lugar coloqué en una carreta doce botellas. Cuando salí de allí me dirigí hacia la primera casa, era la de la vecina que vivía frente a mi hogar cuando yo habré tenido alrededor de 9 años y mientras iba hacia allá me recordaba como si fuera una película cuando “la desgraciada” llegaba a tocar el timbre de la casa para dar quejas a mis padres de cosas que a medias yo había hecho, pues la verdad que exageraba tanto y por sus quejas constantes en el barrio todos creían que yo era la niña problema. A tal grado que cuando salía en mi patineta, me sentía etiquetada. “Ahora sí que me la pagarás vieja tal por cual, cuando abras la puerta te quebraré la botella sobre la cabeza enrulada… Ja, ja, ja, te dolerá como me dolía cada vez que me castigaban sin poder salir con mis amigos del vecindario”.

Toqué a la puerta y a una joven que la abrió le pregunté por doña Teresa y cual fue mi sorpresa que me contó que ella ya murió. Esto si que no me lo esperaba, me agarró desprevenida la ingrata fenecida. De la que se libró la bandida… El calor veraniego me hizo detener la marcha hacia la casa de una amiga de la infancia que quedaba como a ocho cuadras de donde me encontraba y me senté en una banca a conectarme con la cólera que me daba recordar que cada vez que nos peleábamos  me insultaba llamándome globo frente a todos y, lo peor, es que rememorarlo me hace sentir esa sensación de que soy un globo que se perderá entre la nubocidad. Tomé unos sorbos de agua y emprendí camino a estrellarle la más larga. Cuando llegué la saqué de mi canasta y al sonar el timbre de la puerta escuché un ladrido conocido de un perro que me recordó a Pilín. Una señora abrió y al verlo lo abracé y de inmediato me movió su cola y nos fusionamos en un abrazo interminable que bajó mi cólera. ¿Se encuentra Susana? le interrogué,  respondiéndome que hace algunos años vive en Bruselas.

Salí con mis doce botellas después de abrazar a Pilín contenta y enojada a la vez. Bueno,  quizás ahora si tendría suerte y me dirigí hacia la casa de doña Emma, mi profesora de gramática. Allí si que me daría gusto, pues al conectarme con las veces que me sacudía el borrador lleno de tiza por no decir la lección llamándome INCAPAZ,me enfurecía de tal forma que en vez de una botella, le quería estrellar la de la vieja fenecida, la de mi amiga y la tercera que era para ella. Casa #6, las veraneras, aquí es. “¿Está doña Emma?”, “Espere un momento”, dijo el joven que me abrió, quien al cabo de un rato regresó: “¿Quién la busca?”, “dígale que soy una de sus alumnas, la… que soltó a su perico para que se fuera a volar…”.

“Dice que la espere un momento, que ya viene”. De mi canasta saqué la artillería y  empuñé la tercera botella en mi mano derecha, las dos restantes las dejé al lado de mí justo en el piso de la sala donde esperaba. Después de algunos minutos el mismo joven que me abrió la puerta venía acompañando a doña Emma quien lentamente y sostenida en su bastón se me aproximó y al verme con una sonrisa entre sus labios me expresó: “¡Que bueno verte hijita, ésta si que es una alegría…!”. “Igualmente”, le respondí. Me convidó a un té de manzanilla y conversamos recordando viejos tiempos y aunque hubiera querido preguntarle el porque nos sacudía el borrador, lo pospuse pues su cansancio salía a toda luz. Sin embargo, antes de retirarme quise saber: “¿Cómo he de hacer para superar esas críticas destructivas que desde niña llevo en mi vida?”.  Y ella me dijo que es hora de su diálisis, que nos volvamos a reunir al día siguiente para tratar  ese punto tan importante. “¡Hasta mañana doña Emma!”. “¡Hasta mañana mi querida hijita!”.


¿Con presencia o con el ego?

 

En el corral de la granja habitaban algunas cabras, media docena de vacas, un cuarteto de terneros, había un par de gallos y entre las gallinas indias y los patos se podía apreciar a las gallinas guineas por entre las cuales se entre mezclaban docenas de polluelos recién emplumados… Cuando desde la capital llegaban excursiones de colegiales para visitar la granja, se sentía la alegría de tantos niños y niñas quienes disfrutaban de balidos, de graznidos, de la vida del corral y de la deliciosa leche de vaca recién ordeñada.

De vez en cuando aparecía el pavo real, quien con suma lentitud e indiferencia a lo que ocurría parecía rondar. Por momentos salía a picotear algún grano de maíz, en otros instantes daba un pequeño paseo y volvía a su lecho de paja, aunque a veces y con un poco de mala gana abría su plumaje tornasol. Cuando esto sucedía la multitud de visitantes se concentraba a su alrededor para observar su atuendo intensamente azul.

“¡Que bello es…!”, se escuchaba por un lado, mientras en la esquina alguien decía: “¡Es el más lindo de toda la granja…!”. “¡Noo!”, una niña exclamó y prosiguió “La más bonita es la gallina guinea”. “¿Bromeas?”, respondió su compañera, mientras un niño dijo: “Esa gallina es la más fea…”. “Sí que lo es”, alguien repitió, mientras un niño le lanzó una piedra a la gallina guinea que continuó comiendo sus granos como ausente de las expresiones de afuera.


Las percepciones de afuera

Si nos pusiéramos a preguntar a cinco visitantes cual es el animal de la granja más bonito, posiblemente cada uno escogería a uno diferente. Si lanzamos la misma interrogante a cinco personas sobre cual estudiante es el más servicial, sin duda alguna que nadie escogería al mismo. Si indagamos quien les parece el más guapo o la más bonita, sucedería eso mismo. Si evaluamos por medio de algunas preguntas después de la caminata por la granja quien es el más inteligente, es muy probable que ocurriera una Torre de Babel, pues para mí fue él y para ella no lo es. En fin, si escuchamos cada juicio que nos lanzan caeríamos en lo que no cae la gallina guinea, que le es indiferente la opinión que los otros tengan de ella…

Una pantalla mental

Eso mismo, has de caso que en lugar de cabeza tienes una pantalla de televisión donde has metido tu cabeza. Imagina el color que le deseas conferir… Sucedería lo mismo si preguntara al vecino o a tu hermano el color que ha escogido para su propia pantalla, sería diferente al tuyo o, muy posiblemente, el tono del mismo color escogido variaría, no siendo igual.

Cada persona tiene su propia percepción y ésta depende de su marco referencial de experiencias y aún así nos mantenemos haciendo todo el tiempo comparaciones absurdas. Si mi pantalla es verde, ese será el filtro que aplico a la vida, si es azul, tendré la óptica azul cuando quizás sea el último filtro que deba aplicar para dar una apreciación de alguien más.

Es necesario mantener muy claro que lo que para ella puede ser horrible, para él pueda que sea regular y para ti pueda que sea espectacular… Así, el objeto de mis líneas es precisamente para pedirte que seas como la gallina guinea, quien no se inmuta con las críticas destructivas o viñetas que otros le dan. Ella pica su alimento, toma su agua, vive en el corral de una granja y no se recluye porque el niño o la niña le mandan sus percepciones distorsionadas. No se apropian de ella los demás, ella reafirma su presencia y vive en la granja a su manera.

Cuestión de ego

Mas en la granja habita un pavo real y aunque él no discrimine a la gallina guinea en el corral, me recuerda que hay quienes en la vida indiferentes al sentir de otros y por abrir sus plumas de par en par y mostrar sus “presencias”, muestran un ego atormentado cual si fuesen pavo reales grotezcos al tratar a los demás: “Gallina guinea quítate de allí”. Sus egos crecen con sus actitudes de prepotencia, más esa no es presencia, porque la PRESENCIA IMPLICA LA AUSENCIA DE ESTE EGO que ha invadido al mundo y que no nos deja balanceadamente fluir con lo que cada uno es. Ella, como gallina guinea. Él como pavo real. La otra con sus logros. Y yo atenta a mi andar, sin vivir queriendo resaltar con un ego tan absurdo, entrampando a mi ser y anulando lo que verdaderamente YO SOY.

Las opiniones de los demás

Dijeron que no sirvo para nada… que soy ha-ra-ga-na… desordenada… malcreada… ingrata… Además, alguien constantemente me decía que tengo mal carácter… que también soy TON-TA, dos sílabas que me creí y que conectan todavía en ciertos momentos de mi vida cuando algo no me sale tan bien como esperaba, pues a veces me siento TONTA… o quizás TONTITA… más suavemente dicho, pero igual, es lo mismo… Y esto se aplica a todo lo que somos. Nos dijeron FEOS, como se lo dijeron al patito feo y sentimos nuestra presencia como patos feos de verdad.

Toma tu propia pantalla, sitúate en tu propio canal y jamás entregues el control de los botones. Maneja tu timón y nunca se lo cedas a nadie, que si lo prestas podrían invadir a tu presencia haciéndote creer que eres algo a lo que ni siquiera te asemejas.

Cuál es el objetivo de ellos?

Pues como únicamente pueden ver desde su pantalla azul y la tuya no corresponde a lo que esperan encontrar, a toda costa se las ingenian para salirse con la suya y lograr que finalmente seas lo azul que ellos esperan. La sociedad sin darse cuenta se ha vuelto destructora de presencias y constructora de unos egos tan fragmentados.

Se vuelve importante tomar consciencia de lo anterior y seguir la actitud de aquella gallina guinea que sigue picando su granito de maíz, independientemente pase el pavorreal o le lancen desde afuera percepciones tan erradas de su condición. Toma el timón de tu vida y agradece a tu VERDADERA PRESENCIA EL MARAVILLOSO E INCOMPARABLE SER QUE PORTA.


El Viaje de los Hijos

“Se va…”. Un pájaro anunció.

“Creció…”. Tarareó el vecino.

La ardilla merodeando llegó y preguntó: “¿Quién se retira de este dulce hogar?”. Mientras el búho acurrucado respondió: “Ya es tiempo de que    vuele con el viento…”.

Y una ráfaga de aire le preguntó a la señora colibrí: “¿Adónde he de llevarle…?”. Y mientras ella muy pensativa se quedó, una ágil  golondrina se atrevió y con su canto expresó: “A Suiza, allí la nieve ha revestido las montañas para que llegue, goce y retoce como cuando de niño le veíamos rodar por entre el bosque…”.

Peregep, peregep, peregep, trotando se acercó el caballo y relinchó: “¿Adónde está este polluelo? Le vengo a visitar desde bien lejos, le traigo un libro para que en él busque consejos que papá me dió…. Y entonces la pajarita le invitó a sentarse sobre la rama del sauce donde es su hogar… “Pase adelante, ya pronto ha de venir y al verlo le aseguro que se pondrá feliz…”.

Y el caballo se sentó muy cerca de donde un tucán empezó a entonar un canto casi mágico. “Se va y con el viento ha de volar… Él ha de ser quien lo ha de envolverQuien quiera que lo ha de conocer ha de quedar feliz con lo que él es… Se va apenas unos días y pronto lo tendremos otra vez…”.

Y el búho respondió: “Es sabio quien se lanza a volar por el espacio sideral… Allí ha de encontrar misterios de los que aprenderá y ya verán lo nuevo que nos ha de enseñar”.

“A mi me gustaría que fuera a Los Galápagos, conocería a las tortugas más antiguas del planeta y como suele ser curioso, preguntaría sin parar y gozaría al aprender lo que ellas narran. Creo que deben prepararle su equipaje, pues tardará un poco en este viaje…”, dijo una zorra que curioseaba por la zona.

Y un castor le respondió: “Bonita idea viajar a Los Galápagos, pero opino que es al río Amazonas donde debe ir a explorar. Claro que deberá hacerlo con cuidado, pues allí abundan las pirañas que pueden devorarlo de un bocado…”.

“Señora pájara, yo que usted lo retengo por más rato, si apenas tiene veinte y tanto años… mejor que cumpla unos cuantos años, será más sabio y ha de estar más preparado para enfrentar alguna boa que se lo quiera tomar de un sólo trago…”.

Y mientras la mamá pájara les escuchaba sin responder palabra alguna y tejía el nido para engalanarlo aún más, seguía llegando el tropel de amigos que emitían uno a uno sus propias opiniones…

“Es a la Selva Negra que ha de ir, allí no hay pirañas, ni boas constrictoras que lo han de querer triturar. Se encontrará con los venados con los que ha de saltar, como cuando de niño salía a corretear…”.

“Perdone usted señora mapache, aunque sea muy bonita la selva a la que usted lo invita allí aprendería de botánica y de fauna y el otro día lo escuché entusiasmado que va a viajar para ir a un hospital…”.

“Ave María Purísima… yo no sabía que él se ha enfermado. Si es tan sano… No fuma, ni toma de esos tragos que emboban al pajarraco que nos despierta de madrugada con ese canto estrafalario…”. “¿Qué es lo que tiene para ir directo a un hospital? Empezaré un rosario para que venga bien curado”, le respondió al canario.

Y entre el bosque corrió el mensaje de que el hijo de la señora colibrí iba a internarse a un hospital donde se quedaría un mes o hasta tres… “Aquí le traigo esta colcha para que la temperatura de su tejido natural le cubra cuando  su querido hijo tenga frío”, le obsequió la taltuza. Luego una comadreja expresó: “Yo preparé un brebaje que extraje del manantial de Cardamom, si se lo toma durante dos semanas, ha de sanar y pronto volverá a su lado”. Al poco rato fueron llegando bandadas de pericos, de urracas, de abejas, de aves multicolores que venían desde otros continentes, pues la noticia por los cielos se extendió… “Oimos que esta triste, que usted arregla el equipaje para que su querido hijo se vaya al hospital, ya lo verá, muy pronto va a sanar…”.

“La, la, la… La felicidad… ¡Ja, Ja, Ja, Ja…!”, se escuchó una voz que alegremente se acercaba más y más, hasta que todos pudieron ver llegar al hijo de la señora pájara que afanada arreglaba el equipaje que él llevaría. “¡Qué alegre esta el árbol donde esta mi hogar! ¡Qué alegría verlos a todos por aquí…! ¡Mamá!”. “¡Hijo…!”.

Y entre risas saltó agilmente la ardilla, quien con sus patitas le entregó al viajero una nuez y le dijo: “Para cuando tengas ganas de comer de esta exquisitez, pues no creo que encuentres de esta calidad por donde has de andar…”. Y feliz la recibió y la colocó en una bolsita que llevaría dentro de la maleta que ya casi estaba lista. Mientras eso sucedió algunos se miraron extrañados, pues lo que acontecía no parecía entristecer a la señora pájara, ni a su hijo, ni a su hermana menor que silbando acababa de llegar de pasear…

Pasó algún tiempo cuando el valiente torogoz prudentemente se acercó y preguntó: “¿Adónde vas?” y aquel joven sonriente le respondió: “A un hospital” . Y luego prosiguió: “¿Y cuánto tiempo estarás?”; “bueno, podría ser un mes, dos y hasta tres, aún no sé, en el camino lo sabré…”. “Dicen que estas enfermo y que tu madre esta muy triste por no poderte acompañar…”. “¿Yo enfermo…? Claro que no, estoy muy sano, ¿qué ustedes no me ven?…” . “Bueno, la verdad es que así lo creo cuando te veo, aunque en el cielo me dijeron que la tristeza había llegado a tu nido y que te iban a internar”.

“Mamá… ¿Los escuchas? Nuestros amigos dicen que estas muy triste con este viaje que haré”. “¿Quién te lo ha dicho?”, tranquila preguntó y alguien le contestó: “Lo dijo el cielo, quien lloró”. “¿Lo dijo él?”, ella de nuevo cuestionó. Y el cielo pronunció: “¡Claro que no…!”.

Ahora les contaré lo que pasó, dijo mamá y todos los presentes se situaron a su alrededor… 1 pájaro, 2 ardillas, 3 buhos y más y más amigos… Y el bosque entero la escuchó. “El nido que un día enhebré, ahora con los años se va quedando pequeñito. Era cabal a la medida de cada uno de mis tres polluelos, a quienes cada día yo les traía gusanitos. Un día, el Señor de los Vientos nos visitó e invitó a volar a mi pajarita mayor, así, ella con rostro de alegría feliz voló y con los años puso un huevecito que hizo brotar a una pequeña pajarita que a veces me visita y llena de muchas alegrías… Hace unos cuantos días, El Señor de los Vientos volvió de nuevo a nuestro nido e invitó a mi hijo a volar, le dijo que es un buen momento, que cada una de las ráfagas soplan a su favor, que el viaje será de mucho aprendizaje y que en el hospital donde estará aprenderá aún más… Así que, afanada estoy poniendo en su equipaje lo mejor. Quizás cuando él se decidió, una lágrima naturalmente me rodó y alguien de ustedes me escuchó… Las lágrimas mojaron mi nidito y poco a poco de alegría se vistió,porque mi hijo, ahora convertido en un colibrí de bien, lleva en su mano un equipaje de valores y virtudes que siempre le acompañarán y entre ellos viaja a su lado mi gran amor con él. Así que vengan y celebremos juntos que él se va a fojar para ayudar a los demás y eso es para mí motivo de gran celebración, además que el Señor de los Vientos me prometió que cada cierto tiempo me ha de regalar una corriente aire para ir a abrazarle y disfrutar…”.

Y en el bosque se escuchó un coro que entonó: “¡Que tenga un lindo viaje el viajero que se merece lo mejor…!”. Y su mamá abrazándolo les contestó: “Gracias por sus buenos deseos para mi hijo que empieza un lindo recorrido por este mundo que al fin de cuentas es tan pequeño. Pronto lo abrazaré aquí en el nido que con esmero arreglaré o quizás antes lo iré a ver cuando surja otra ráfaga de viento, pues si es un hijo como es él al fin del mundo lo seguiré…”.

 Te agradezco tu valioso tiempo y te invito muy pronto a leer mi próximo artículo.

El Gran Atlántico

Se masacra la vida del planeta y tu y yo lo presenciamos sin poder salir a recoger las toneladas de la pocilga que intoxica los pulmones al fusionarse con los rayos de un sol que cada vez se acerca más… Se rompe la cadena perfecta de vida que seautosostenía con el balance que su co-creador definió. La entrañable mar y el espléndido golfo que recibía de un cristalino Atlántico el caudal de una mina de nutrientes para toda una cadena de especies, sucumbe por unos petrodólares…

Todo un ecosistema que alberga desde microorganismos que desempeñan labores de manutención de sus aguas, se altera y sufre un sismo. No es necesario ser buzo profesional, ni sumergirse a una gran profundidad, para constatar que bajo el Atlántico subyace un cementerio del que de vez en cuando la marea saca la evidencia hacia esa costa donde los habitantes del planeta y de esas tierras llegaban a recibir un aire puro, fresco, vital.

Cambia la geografía, cambia la vida, cambia en un instante el planeta Tierra y se devasta un área que a todos nos afecta. Cambia la corriente de agua clara que es propiedad de la tortuga, cambia el ph de sus aguas, se altera la química y al entrar en contacto con su viscosidad se altera el nirvana y la muerte aflora llevándose a miles de tortugas que en su afán por sobrevivir ante la caza de sus huevos o ante los depredadores de su carne y de sus carapachos, finalmente desangran sus pupilas penetradas como bombas por el crudo que vierten las plataformas petroleras que expropian a los habitantes del océano de su acogedor y maravilloso hogar, el mar.

Se inhala en el aire de la costa la toxina del petróleo que cambia la imagen mentalde aquel diáfano mar. Se afecta a la psique colectiva de la Tierra que ha asimilado desde sus orígenes al océano como una fuente de vida perfectamente definida. Aquella imagen tan sutil de la brisa que surge mientras revientan las olas de blanca espuma, se esfuma… Se nubla repentinamente la visión de aquella escena donde los delfines se desplazan entre el manto de agua y luz. Se pierde la identidad del océano y la sensación de extrañeza empieza a generar caos existencial en el planeta donde la demencia impera…

La visualización del océano es completamente ajena a la que se ha concebido en mi planeta. No cabe en mis esquemas, ni tan siquiera se acerca al concepto que desde mi niñez yo asimilé del Atlántico. Es divergente a la fotografía que tengo enfrente, es diametralmente diferente a lo que en geografía enseña la maestra a sus alumnos cuando les habla de los océanos y de los mares… Ahora se les tendrá que enseñar que el océano Atlántico es negro, viscozo, mugre, grasoso y que en su nuevo hábitat no existe la posibilidad de volver a encontrar a la carita graciosa de una linda foca, ni al caballo de mar, ni se verá jamás al pez vela saltar, ni merodear por los aires a las blancas gaviotas que desde lo alto visualizan a los bancos de  sardinas que permiten que su familia exista. Ya no habrá pelícanos, ni peces, ni algas marinas, ni caracoles, ni blanca espuma, ni agua clara, ni baldes, ni palas, ni castillos construídos con el cariño de los niños…

Con esa sensación de consciencia por lo que ocurre y con el intenso deseo de abrazar a la mar que conozco desde que mis pequeños pies la sintieron al dar mis primeros pasos por la arena, me fui a reconfirmar que todavía la tenemos… Me fui a revolcar entre sus olas puras, me fui a impregnar de cada partícula de su vida y la asimilé como cuando uno esta a punto de perder algo que verdaderamente es tan valioso. Tomé a la espuma entre mis manos y la sentí tan sanadora. Inhalé cada particula de la brisa que se produce cuando la marea revienta con toda su potencia y corroboré que no es un sueño, que todavía está allí. Comprobé que su espuma es del color de la garza que emprende el vuelo cuando los niños y las niñas casi alcanzan a tocarla… Me encontré con las palas, los baldes y el afecto que une a las familias y que las lleva al pacífico a retozar y olvidar a la vida de locura de la ciudad. Reconfirmé que su marea aún llega a mis costa sin el petróleo que flota en el golfo de Mexico y en el océano Atlántico sobre el que nacerán los huevecitos que desovaron los atunes rojos…

Empuñé a la arena de mi costa y cuando la sostuve entre mis dedos pedí a suCreador que sane al Atlántico, que disculpe nuestros actos, que nos ayude a discernir que todos llevamos una luz que debe iluminar el paraíso que nos dió. Oré para que guarde en su manto sagrado a los miles de miles de delfines que nadan entre sus contaminantes aguas… Cerré mis ojos un momento y al imaginar lo que sucede al arrecife de coral y a sus habitantes surgió desde lo más profundo de mi ser el deseo de cuidar al pececito de color, al caracol, al camarón, a los cetáceos, al pulpo y al calamar, a toda la fauna que íntimamente se relaciona con el resto de la vida, al océano Pacífico para que mantenga su cristalino fluído y a cada manto acuífero del cual depende nuestra vida.

Y ya de regreso en mi tibio hogar, hay una mezcla de sentimientos que antes de terminar deseo expresar. Por un lado, siento una enorme alegría al haber constatado con mi propio tacto que el océano Pacífico tal cual lo aprendí a conocer allí está para nutrirnos… Por el otro, que los ciudadanos del planeta Tierra no vivimos de petróleo, que debemos ser conscientes de que ni el dinero, ni esa grasa viscosa son importantes para vivir y, para finalizar, es necesario discernir que hay pasos fundamentales que urge dar y el primero es limpiar lo que de mugre hemos empantanado en cada manto de agua y si deseamos seguir existiendo debemos respetar todo lo que verdaderamente represente la vida de este planeta azul, donde el petróleo, si no lo detenemos, será el amo y señor de una Tierra que explotó porque sus habitantes así lo decidieron…


Presencia

Empezar a escribir el primer  artículo para mi blog es lo bastante retador porque quisiera que sus frases penetraran dentro de tu alma y fuese por él mismo un canal através del cual te sirvas para afrontar alguna situación que vives. Sin embargo, el abanico de compartimentos a tratar surgirá como se abre el botón de una rosa, el que gradualmente va abriendo de pétalo en pétalo su presencia y especial aroma.

Nada es casualidad y no la es que leas estas líneas, como tampoco es que en el párrafo anterior me refiera a la palabra presencia, pues es ésta la que ha de guiarnos en el primer artículo que compartiremos.  Empezaré por decir que las tres sílabas que conforman al vocablo presencia, llevan una vibración muy honda cuando se fusionan con tu persona.

Presente… o ausente?

Si te recuerdas, en el salón de clase todos los días la maestra leía la lista de nombres de sus estudiantes y cuando escuchabas la más bella música, tu nombre, de inmediato repetías la palabra PRESENTE, que significa un aquí estoy, es decir, confirmar que aquí esta mi presencia. Y aunque a veces hubieras querido decirAUSENTE, para no estar allí ni recibir la clase que no te interesaba, o no entendías, allí estabas con una parte de tu presencia viviendo una experiencia más.

En la escuela

Todo empezaba con que yo debía aprenderme la lección de pe, a pa, igual que lo hace un cotorro que repite su “hurra lorito”, en el que día a día alguien le aplaude y le da un refuerzo de su fruta predilecta… Pero mi lección no era tan corta como la de él, era tan larga, tan aburrida, tenía tantas palabras que ni siquiera comprendía el significado que tenían y como solía estudiarla las mil y una noches, las mil y una madrugadas, hasta en sueños aparecían los vocablos haciéndome creer que mi memoria era tan mala.

Ahora que lo rememoro, recitar uno de los tantos párrafos se volvía una tragedia cuando me olvidaba de una tan sola palabra, pues ésta era la disociación perfecta para desconectar con todo el contenido posterior y cuando esto ocurría llovía una cadena de insultos que deshacían mi valía y me hacían sentir tan pequeña que nadie notaba mi presencia, pues para todos me volvía la ausencia de cualidades a valorar. Así que, estando aún presente me esfumaba o, peor aún, la maestra se encargaba de colocar sobre mi cabeza un par de orejas y con ellas sobrepuestas se hacían ausentes las cualidades que yo tenía y me aparecían de repente ocico, largas orejas, pezuñas y hasta un rebuznar que alteraba mi identidad haciéndome sentir más burra que ninguna otra persona…

Nuevamente era mi turno y ahora la maestra se había ingeniado que a todo aquel que fuera “burro” y que no diera la lección de pe a pa, le sacudiría el borrador que usaba para borrar la tiza blanca de la pizarra y sólo de imaginar que volvería a pasar frente a todos y que existía esa posibilidad, se ausentaba mi memoria y después de tartamudear volvía a parar en la esquina de aquella aula que se encargaba de matar mis deseos de mejorar, anulando por completo y cada vez más a mi verdadera presencia.

En recreo

Algunos se encargaban de rebuznar cuando me desplazaba por la cancha, otros lanzaban un “Ji-Jau” cuando cruzaba por el corredor para llegar a beber agua y cuando me acercaba a la tienda para comprar golosinas solían imitar el galope que mi nueva identidad tenía y me empecé a aislar de tal forma, que me fui quedando sin amigos y cada vez me fui sintiendo más sola, hasta que me las ingenié para llenarme de alguna manera y ésta fue comiendo todo lo que encontraba.

Sentía un gran placer al devorarme todos los chocolates de un solo golpe y es que su dulzor era el antagonista perfecto a la amargura que sentía de tantas etiquetas crueles que me conferían y de una identidad que me hacía ausente, pues lo que decían los demás de mí, era tan relevante, que atenuaba más y más a mi verdadero yo, más bien, lo disociaba de mi vida, dejándome al control de que lo que dicen los demás de mí, es “la verdad…”.

En mi hogar

Llovían palmetazos por todos lados, pues cuando mis padres veían mi libreta de calificaciones creían que yo no estudiaba y me tildaban de “ha-ra-ga-na”. Esas cuatro sílabas hacían añicos mi personalidad, pero más lo hacían cuando solían compararme con el hermanito “perfecto” que siempre obtenía el cuadro de honor y a quien le daban casi a diario y como a la cotorra, su premio bien ganado, como solían expresarlo.

Crecí

Con muchas viñetas que habían perpetuado mi cruda ausencia, es decir, mi no presencia. Un día recordé el cuento de aquel pato a quien todos tildaban de feo y decidí que las expectativas de los otros, los complejos que llevan dentro, las percepciones que  tienen de mi es asunto de ellos y pensé que cada quien tiene derecho a ver desde su propio espejo, pero que yo tenía dos tipos de elección y desde aquel día empecé a verme en mi propio espejo y a dejar de interiorizar en mí, los espejos de ellos… Y sucedió que desde entonces me miro en mi propio espejo, me autoafirmo y acepto con las cualidades que tengo y es allí cuando las voces de los otros se atenúan, cobrando vida únicamente todo lo que verdaderamente Yo Soy.

¡Presente, que aquí estoy!

Yo soy un ser humano único en este mundo, de nada vale compararme con los otros. Mis esfuerzos valen mucho y si en algo erro según las expectativas de los otros, tengo todo el derecho a equivocarme, más no por ello me he de estancar, sino más bien, me he de motivar a mejorar. Nadie es tan perfecto para que nos pueda juzgar, ni yo lo soy, para juzgarme, ni juzgar a otros. Cada día al levantarnos hemos de agradecerle a la vida por hacernos como somos, sin comparaciones absurdas, pues si nos comparamos con los otros y sus propias voces anularíamos la verdadera presencia de lo que realmente somos y nunca hemos de estar dispuestos a callar, sino más bien a recordar con la voz del corazón e ese ¡Presente, que este soy Yo!

Te agradezco tu valioso tiempo y te invito a leer muy pronto mi próximo artículo.

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