Entre bosques…

hoja otoño

De tonalidades oro se ha vestido este intenso otoño, aunque el verdor de los pinos aún sobresale tocando al cielo completamente azul. Ni una sola nube se ha formado ante la plenitud de un sol que lanza sus primeros rayos, intensamente luminosos, limpiando cualquier niebla.

Dorada es la campiña, en ella hay una multitud de granjas y lineas de forraje recogido cual si borlas que al girar parecen gigantes pelotas. Techos triangulares verdes y rojos, para que la nieve no se detenga, cuando el invierno en unas cuantas horas llegue.

Prados extensos muy bien recortados que más parecen alfombras, donde crece el maíz amarillo de grandes granos, las calabazas que van desde las más pequeñas, hasta las que no alcanzo a sostener, por ser inmensas en proporción y en peso. Manzanos y viñedos que ya duermen, luego de una cosecha tan dulce que disfrutó mi paladar.

Bodegas de bodegas y lugares preciosos entre lagos y en la cercanía a bosques interminables, donde se cata la exquisitez del vino, como una experiencia sensorial de aromas y sabores, de tonos ámbares o intensamente dorados, símiles al oro del otoño que se observa trasluz, cuando giro en círculos la copa.

Viajo en el tren entre una campiña que hace poesía… El césped aún brilla por el hielo sutil que anoche ha caído, besando a una Naturaleza en armonía con la Vida. El Giant City Park y sus alrededores albergan abundantes poblaciones de venados, los que al cruzar por las calles y entre las bastas planicies, no se acaban de contar, pues son interminables.

Un pareja de castores en posición bípeda, en medio del bosque y ya de tarde, se ha quedado grabada en mi Ser, cuando precisamente saboreaban su suculento manjar: la corteza interior de los maderos que caen. Cual si un gran señor, el castor grande y de pie, inmóvil se quedó al notarnos, mientras que nosotros lo disfrutamos tanto. Y otra de tantas noches, siempre en el corazón de ese bosque tan mágico, apareció un mapache adulto, merodeando por donde tuvimos que detenernos muy quietos, adonde entre los árboles finalmente se internó…

Largas horas de tren entre bosques desnudos, donde busco un venado de cola blanca, típico de esta zona, aunque en las cercanías, en Wisconsin, entre los jardines de las casas se han visto a tres venados albinos, tan blancos como la nieve misma que pronto caerá. Que misterioso es el bosque, que teje bajo sus sombras, vertientes pequeñas y anchas de agua clara y fría, donde el castor hace fiesta con las algas y hojas húmedas. Y donde el águila y el halcón, bajan desde las alturas, mientras un conejo cola de algodón, se les escapa y llega a su cueva.

Hasta la vista amigos, que en algún momento del tren del camino de la Vida, nos reencontraremos en alguna estación…