Llueve…

llueve

Ayer, la sequía
abría en la piel
de la tierra
la resequedad
que empezaba
a supurar…

La grieta
era profunda.
Su dimensión
la sufría
la cría,
que recibía

los rayos
de un sol,
que sin árboles
se sentía
arder
antes de caminar.

El río
antes caudaloso
apenas era
un hilo,
que succionaba
su matriz…

Ahora Tlaloc
ha bajado,
frescamente
a deleitarnos…
Llueve,
y aquel desierto

que antes
agrietado,
recibe a la gota
bendita
que le baña
y trae la esperanza

que acaricia
a la semilla…
En el campo
ahora hay danzas
que son
sagradas.

El campesino
se ha quitado
el sombrero
y baja la sien
con gratitud,
ante este milagro.

Los niños
han sacado,
lo recipientes
donde se guarda
la pureza
que del cielo

ha bajado.
Agua clara,
pura y natural,
que Yum Kaax
y nosotros,
hemos de honrar…